-Soy una nena- dijo incorporándose de un salto de la cama mientras dejaba al descubierto su desnudez-. Mi vientre es el de un niño antiguo, mis ojos son a un tiempo soles y lunas y canciones de cuna que cantan las abuelas que nunca tuve. Mi vagina la de una reina, mis labios escarabajos disecados detrás de una vitrina en algún museo para locos.
lunes, 1 de junio de 2009
lunes, 23 de marzo de 2009
18 de octubre de 1954.
Nunca odiamos esta tierra; nos absorbe como si fuésemos agua o ríos de papel enmohecidos. Y vos sabés que no tiene sentido, que los ojos de todos los gatos igual pueden tragarnos y seguiríamos siendo peces en el estómago de una prostituta famélica y borracha. Pero acá todo se parece, entonces creo ver tus manos en los tranvías o tu pollera violeta en los edificios. Y las sábanas, nena, las sábanas son junglas en gargantas que no terminan nunca.
Te estoy mirando y seguís tan linda y tan nena que de mi pecho salen corriendo todos los niños de algodón que una vez te prometí; se encuentran contigo, inventan lo que no soy capaz de hablar y se retuercen en vos. Vos. Ahora me río... Me dijo el Mascota que tenía que contarte, decirte las cosas, pero al final nunca me sale. Este espacio tiene un nombre y no puedo... Pero nunca odiamos esta tierra. La caminamos para olvidarte y traerte todos los regalos de los que sea capaz y odiarte.
Voy a mutilarte más tarde, voy a tener que ser el aborto de tu piel desperdigada en el suelo como un montículo de ropa sucia y otras máscaras. Los cuentos de amor, el vino, el tabaco y las piernas de una dama que me deje asomar mi rostro por su vagina. Y que vos no seas. Pero tan linda, tan linda y triste, de cara a la ruta, esperándome a mí con los brazos cubriendo las piernas mientras te fumás los puchos que te di, pendeja. Y reíte que yo me río porque el Mascota me dijo. Y si vos vieras esta tierra no la odiarías un carajo y te volverías la piba de mí.
Nunca odiamos esta tierra; nos absorbe como si fuésemos agua o ríos de papel enmohecidos. Y vos sabés que no tiene sentido, que los ojos de todos los gatos igual pueden tragarnos y seguiríamos siendo peces en el estómago de una prostituta famélica y borracha. Pero acá todo se parece, entonces creo ver tus manos en los tranvías o tu pollera violeta en los edificios. Y las sábanas, nena, las sábanas son junglas en gargantas que no terminan nunca.
Te estoy mirando y seguís tan linda y tan nena que de mi pecho salen corriendo todos los niños de algodón que una vez te prometí; se encuentran contigo, inventan lo que no soy capaz de hablar y se retuercen en vos. Vos. Ahora me río... Me dijo el Mascota que tenía que contarte, decirte las cosas, pero al final nunca me sale. Este espacio tiene un nombre y no puedo... Pero nunca odiamos esta tierra. La caminamos para olvidarte y traerte todos los regalos de los que sea capaz y odiarte.
Voy a mutilarte más tarde, voy a tener que ser el aborto de tu piel desperdigada en el suelo como un montículo de ropa sucia y otras máscaras. Los cuentos de amor, el vino, el tabaco y las piernas de una dama que me deje asomar mi rostro por su vagina. Y que vos no seas. Pero tan linda, tan linda y triste, de cara a la ruta, esperándome a mí con los brazos cubriendo las piernas mientras te fumás los puchos que te di, pendeja. Y reíte que yo me río porque el Mascota me dijo. Y si vos vieras esta tierra no la odiarías un carajo y te volverías la piba de mí.
martes, 17 de marzo de 2009
C'est le malaise du moment,l'épidémie qui s'étend,
la fête est finie, on descend,
les pensées qui glacent la raison.
Paupières baissées, visages gris,
surgissent les fantômes de notre lit;
on ouvre le loquet de la grille
du taudis qu'on appelle maison.
Protect me from what I want
[Protège-moi, protège-moi].
Sommes-nous les jouets du destin
souviens-toi des moments divins
planant, éclatés au matin,
et maintenant nous sommes tout seuls.
Perdus les rêves de s'aimer,
le temps où on avait rien fait,
il nous reste toute une vie pour pleurer
et maintenant nous sommes tout seuls.
Protect me from what I want
[Protège-moi, protège-moi].
viernes, 6 de marzo de 2009
-No busques placer, nena- susurra Franden en su oído.
-Hablás como si la muerte fuera esto- le dijo-. Voy a desprenderme los zapatos para que te des cuenta, voy a cantarte una canción con mis labios de rouge.
-Miralos a los ojos como si fueran volcanes.
-Las luces son más volcanes que esos ojos, que todos los ojos que jamás vi.
-Pero esas son cosas de las que no sabés- niega él mientras mastica carbón.
-Los ojos que vos tenés sí que son volcanes.
-¿Podrías jurarlo?
-No tendría sentido.
-Ya veo.
-Es que de rodillas te veo mejor, tu rostro se ve mejor, con una nitidez desconocida.
-Para que me veas así tuve que quitarme el traje de proxeneta, pinturrajearme la cara detrás del mostrador en cuclillas, después del último whisky, y empolvarme la nariz como si fuera un sucucho reciclado del ayer.
Y se callan.
domingo, 1 de marzo de 2009
de.já.de.mas.tur.bar.te.con.el.vien.to
También estuvo el silencio, la desgracia de quererte, el hilo que te conducía como a un muerto por las calles del pueblo haciéndome creer que todo esto estaba deliberado o inventado por alguien más de antemano y para mí. Ahora la sangre se me sale de la boca y al final es sólo eso, saber mirarte y decirte que ojalá sepas ahogarme; después retorcerme los dedos en el vestido y "ojalá ella sepa ahogarte a vos, que no sos".
Tenerte así es mentirle a la mentira, decís.
Pero es que a veces tengo que violarte o lastimarte los dedos con cuchillos de plasticina, taladrarte los pies o serrucharte las muelas para que grites o me sientas respirar a un lado de vos. Y es que esta sangre se me sale de los poros, digo, y la bombacha se ve porque no queda otra, entonces las madres de la tierra nos entrenan en cocinas de leña para delantales verdes. Manteles y manteles como abismos y niños de rostro y manos sucias a la mesa, derechos y huecos, que nos miran pensando en madres al cuadrado en domingos como hoy.
Vamos a tener que seguir siendo las putitas de todos los días, las que te amamos y lavamos tus medias y calzoncillos cuando volvés del mundo, después de ella, con los ojos llenitos de sexo y caricias, con la cerveza todavía en la garganta... y nosotras llorando en los rincones, mirándonos en la lluvia, yo diciendo que ojalá nadie sepa ahogarte como yo, que nadie te mire como te miro ni te desgarre en el silencio mismo de no saber decir. Y vos abrazándome para que me olvide de que es mentira lo que no soy.
[Si gritás onomatopeyas en libros de cemento quizá me muera o quede inmóvil hasta la ceguera tuya.]
jueves, 5 de febrero de 2009
Y que se confiese algo después de todo; el nombre, la línea que divide lo inadmisible, que vos seas vos y vos más que vos como una resta o una división inconexa.
(Las cosas que no empiezan nunca).
Bueno, tengo un nombre, como la mayoría de las cosas que pasan por la tierra y son vistas por los humanos. Darme un nombre, uno propio, mío y de nadie más, es convertirme, materializarme o todo lo contrario. Así que me bautizo cada día, en ceremonias clausuradas que no me tienen de anfitriona. Supe ser Julia, Simona, Marcelina y tantas otras, ahora adentro de la piel y saliéndose como vellos claros al sol... Y qué te importa, después de todo. Hablarle a la pared, dicen ellas. Ay, pero ellas se ríen tanto tantísimo como brujitas y entrecierran los ojos para verme más de cerca. Pero no calculan ese ojo (el izquierdo) que llora inevitablemente cada vez...
-No te vistas así, nena.- Apuntás.
-Vos sos la risa.- La que dispara siempre soy yo.
-¿Sabés? La sábana está corrida, una parte del cuerpo sobre el colchón este y siento que debería aproximarme cada vez más hacia el sitio recubierto o levantarme y hacer la cama, para desarmarla otra vez y mil veces más.
(Respiro).
-Pero nada, sigo corriéndome de lado... De todas maneras me molesta esto, me molesta correrme y que se corra y todo así, que parece tan premeditado (...) ojalá durmiera por horas.
-No seas así
-No, no es un lamento ni nada. Tengo sueño y pereza. Así que eso sólo manifiesto... sueño, pereza. Tengo ganas de decir, creo, decir cosas. No me importa... Yo te voy a usar. A vos y a mí. Sí, como un capítulo.
-Usame, pero no como un capítulo; no por ahora.
-¿Como qué?
-Usame como... un revólver sin balas. Podés gatillar, gatillar sin que pase nada malo.
-Te usaría como un revólver (gastado y vos sos mancha mancha mancha). Seguí diciendo. Decime, escribime a mí. Pero te uso de todas formas.
-Usame como un revólver.
-No servirías para nada. Quiero matarte.
-Hay que matarse o comerse.
-Pero eso lo dije yo.
-Como todas las cosas.
-Tolerar tu silencio es como desangrarme en un vaso de jugo tang.
-Escupime la cara.- Sonríe.
Las brujitas en realidad pasan la mayor parte del tiempo entre risa y risa. Predicen (dicen) estas cosas que me pasan y después todo se da vuelta como tortilla de papa. Una me dijo una vez (back in 2004) eso que me pasaba a los diez o incluso antes. Dice que vio lo que yo era y tuvo que lanzar una carcajada al aire.
-Vos sos cruel.
-Y vos mocosa mocosa mocosa... Por eso te castigo.
"No olvidar la confesión". Sí, tengo un nombre, pero a esto ya lo dije. También tengo una edad, un espacio físico que me contiene, un tiempo que me rodea y una cajita llena de mentiras. Está Pánfilo acostado, la cabeza terriblemente tendiente hacia algún costado (prefiere el derecho y después la tortícolis) y comida vegetariana por todas partes del cuerpo y en la heladera. Ivonne (para los privilegiados de la familia) dispuso la Coca-Cola sobre la mesa como trofeo de verano.
-Madre, ya van tres días, que no vuelva la adicción.
-Pero yo te juro...
Callate. Sí, me callo. Te tuve que elegir, usar, nombrar, violar, después borrar. Sobrevolás y cómo te odio por eso.
-Preferiría matarme antes que comerme.
-A veces no queda otra.
-Pero el abrazo que te doy es como brisa.
-Es como un pedo... Salí de acá.
Hace cuatros años yo estaba tan sola como ahora (mocosa mocosa mocosa), pero tenía una ventana que daba hacia una placita de juegos que era tan linda. Yo lo miraba (te miraba, pero vos no estás en esta conversación como tantos otros) y lo inventaba en mi vida, mamá, papá, hermana, tíos y tías y amigos y una novia (que era yo, y ridícula). A la vuelta de casa estaba el quiosco, él detrás del mostrador (y esto sí que no es invento) y un buzo que después miré tan de cerca hasta la miopía. Pasa el tiempo a veces... Creo que sólo esa vez pude imprimir lo que imaginaba hasta la enfermedad. Apareció, sí. Qué lindo que apareciera de verdad y verlo y encontrarlo por todas partes, verme obligada a saltar ciertas baldosas en la calle sólo porque miraban como él y yo sin ganas de romperle la nariz. Caminar así duplicaba el absurdo, lo sé. Brujitas de pacotilla (adjetivosdechupetín). Hace cuatro años... y ahora, hace poco más de ocho horas una frase y bang. "No olvidar la confesión". Sí, no olvidarme de confesar que adoro la autocompasión, mirarme al espejo cuando tengo la nariz roja y los ojos tan hinchados como hoy. Que no sepa nada, que no tenga idea de que estoy así sólo porque él lo dispuso. Y yo que creo en el destino siempre. Cállenme, sí, pero no quiero.
"A" dice: "No puedo verte así".
"B" agrega: "No quiero verte así".
"C" gesticula -pero no lo escucho-: "No quiero verte".
Y yo (abcdefghijklmnopqrstuvwxyz): "¡Bang! Que se salpiquen todos en el semen de Dios y me corten las puntitas del pelo con una rasuradora eléctrica".
No sé cómo se construye un final, cómo detenerme antes para explicar esto y que todo sea tan explicativo como yo quiero que sea. Pero al final de cuentas no quiero la explicación ni la miseria ni la carta que no llega nunca, porque él no escribe, porque lo dibujaron al revés de mí. No quiero las preguntas ni los detalles. DECIR DECIR DECIR, pero para mí.
Te tuve que usar al final (y es que vos no sos él ni estás en la placita con ella ni en mi cuarto mirando el techo mientras yo miro tus zapatillas). Gatillar gatillar.
(Las cosas que no empiezan nunca).
Bueno, tengo un nombre, como la mayoría de las cosas que pasan por la tierra y son vistas por los humanos. Darme un nombre, uno propio, mío y de nadie más, es convertirme, materializarme o todo lo contrario. Así que me bautizo cada día, en ceremonias clausuradas que no me tienen de anfitriona. Supe ser Julia, Simona, Marcelina y tantas otras, ahora adentro de la piel y saliéndose como vellos claros al sol... Y qué te importa, después de todo. Hablarle a la pared, dicen ellas. Ay, pero ellas se ríen tanto tantísimo como brujitas y entrecierran los ojos para verme más de cerca. Pero no calculan ese ojo (el izquierdo) que llora inevitablemente cada vez...
-No te vistas así, nena.- Apuntás.
-Vos sos la risa.- La que dispara siempre soy yo.
-¿Sabés? La sábana está corrida, una parte del cuerpo sobre el colchón este y siento que debería aproximarme cada vez más hacia el sitio recubierto o levantarme y hacer la cama, para desarmarla otra vez y mil veces más.
(Respiro).
-Pero nada, sigo corriéndome de lado... De todas maneras me molesta esto, me molesta correrme y que se corra y todo así, que parece tan premeditado (...) ojalá durmiera por horas.
-No seas así
-No, no es un lamento ni nada. Tengo sueño y pereza. Así que eso sólo manifiesto... sueño, pereza. Tengo ganas de decir, creo, decir cosas. No me importa... Yo te voy a usar. A vos y a mí. Sí, como un capítulo.
-Usame, pero no como un capítulo; no por ahora.
-¿Como qué?
-Usame como... un revólver sin balas. Podés gatillar, gatillar sin que pase nada malo.
-Te usaría como un revólver (gastado y vos sos mancha mancha mancha). Seguí diciendo. Decime, escribime a mí. Pero te uso de todas formas.
-Usame como un revólver.
-No servirías para nada. Quiero matarte.
-Hay que matarse o comerse.
-Pero eso lo dije yo.
-Como todas las cosas.
-Tolerar tu silencio es como desangrarme en un vaso de jugo tang.
-Escupime la cara.- Sonríe.
Las brujitas en realidad pasan la mayor parte del tiempo entre risa y risa. Predicen (dicen) estas cosas que me pasan y después todo se da vuelta como tortilla de papa. Una me dijo una vez (back in 2004) eso que me pasaba a los diez o incluso antes. Dice que vio lo que yo era y tuvo que lanzar una carcajada al aire.
-Vos sos cruel.
-Y vos mocosa mocosa mocosa... Por eso te castigo.
"No olvidar la confesión". Sí, tengo un nombre, pero a esto ya lo dije. También tengo una edad, un espacio físico que me contiene, un tiempo que me rodea y una cajita llena de mentiras. Está Pánfilo acostado, la cabeza terriblemente tendiente hacia algún costado (prefiere el derecho y después la tortícolis) y comida vegetariana por todas partes del cuerpo y en la heladera. Ivonne (para los privilegiados de la familia) dispuso la Coca-Cola sobre la mesa como trofeo de verano.
-Madre, ya van tres días, que no vuelva la adicción.
-Pero yo te juro...
Callate. Sí, me callo. Te tuve que elegir, usar, nombrar, violar, después borrar. Sobrevolás y cómo te odio por eso.
-Preferiría matarme antes que comerme.
-A veces no queda otra.
-Pero el abrazo que te doy es como brisa.
-Es como un pedo... Salí de acá.
Hace cuatros años yo estaba tan sola como ahora (mocosa mocosa mocosa), pero tenía una ventana que daba hacia una placita de juegos que era tan linda. Yo lo miraba (te miraba, pero vos no estás en esta conversación como tantos otros) y lo inventaba en mi vida, mamá, papá, hermana, tíos y tías y amigos y una novia (que era yo, y ridícula). A la vuelta de casa estaba el quiosco, él detrás del mostrador (y esto sí que no es invento) y un buzo que después miré tan de cerca hasta la miopía. Pasa el tiempo a veces... Creo que sólo esa vez pude imprimir lo que imaginaba hasta la enfermedad. Apareció, sí. Qué lindo que apareciera de verdad y verlo y encontrarlo por todas partes, verme obligada a saltar ciertas baldosas en la calle sólo porque miraban como él y yo sin ganas de romperle la nariz. Caminar así duplicaba el absurdo, lo sé. Brujitas de pacotilla (adjetivosdechupetín). Hace cuatro años... y ahora, hace poco más de ocho horas una frase y bang. "No olvidar la confesión". Sí, no olvidarme de confesar que adoro la autocompasión, mirarme al espejo cuando tengo la nariz roja y los ojos tan hinchados como hoy. Que no sepa nada, que no tenga idea de que estoy así sólo porque él lo dispuso. Y yo que creo en el destino siempre. Cállenme, sí, pero no quiero.
"A" dice: "No puedo verte así".
"B" agrega: "No quiero verte así".
"C" gesticula -pero no lo escucho-: "No quiero verte".
Y yo (abcdefghijklmnopqrstuvwxyz): "¡Bang! Que se salpiquen todos en el semen de Dios y me corten las puntitas del pelo con una rasuradora eléctrica".
No sé cómo se construye un final, cómo detenerme antes para explicar esto y que todo sea tan explicativo como yo quiero que sea. Pero al final de cuentas no quiero la explicación ni la miseria ni la carta que no llega nunca, porque él no escribe, porque lo dibujaron al revés de mí. No quiero las preguntas ni los detalles. DECIR DECIR DECIR, pero para mí.
Te tuve que usar al final (y es que vos no sos él ni estás en la placita con ella ni en mi cuarto mirando el techo mientras yo miro tus zapatillas). Gatillar gatillar.
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